La desarrolladora Proyecto Norte construye un edificio con certificación de sustentabilidad LEED en el centro de Salta.

En el día Internacional de la Eficiencia Energética, traemos esta noticia, que como salteños debería enorgullecernos. En la calle 20 de febrero, entre Nechochea y Alsina, se está construyendo un edificio. A simple vista es una obra más, de las tantas que hay en nuestra ciudad. Un edificio de departamentos y oficinas como cualquier otro. Sin embargo, si uno mira el cartel de obra sobre la vereda, un sello en inglés llama la atención. Se trata de un edificio que aspira a una certificación internacional de calidad ambiental. Al respecto, conversamos con Jonás Beccar Varela, Director de Comunicación de la empresa Proyecto Norte, autora del proyecto y desarrolladora del edificio.

¿Qué es la certificación LEED?
LEED es un sello internacional que otorga la USGBC (El Consejo de Edificios Verdes de los Estados Unidos) a las edificaciones, obras, urbanizaciones o edificios que cumplen con una serie de requisitos en cuanto a su impacto ambiental, consumo energético y uso de recursos renovables. En nuestro caso estamos aplicando para el sello de ?Diseño y Construcción de Edificio?, ya que también hay sellos para operaciones, para urbanizaciones o para refacciones. El sello en sí mismo no es lo que da valor al proyecto, sino el proceso por el que la empresa tiene que atravesar para llegar al sello. Implica cambios culturales muy fuertes para nosotros, y estamos muy contentos de poder transitarlos, ya que es por ahí por donde pasa el desafío de las nuevas construcciones.

¿Podrías describir brevemente con algunos ejemplos qué implica un edificio verde, en relación a cualquier otro edificio?
Básicamente hay dos componentes. Por un lado hay procedimientos que deben cumplirse durante la construcción, como separar los residuos en obra, controlar la erosión del suelo, limpiar los camiones que salen de la obra para evitar que lleven tierra o polvo a la calles, etc. En eso RAC, la constructora que está haciendo el edificio, apoya y acompaña. Sin su compromiso no podríamos aspirar a la certificación. También es importante elegir materiales de construcción que tengan un mínimo impacto ambiental. Por otra parte, ya más allá de la obra y mirando el funcionamiento del edificio una vez terminado, debemos atender cuestiones de diseño que se traduzcan en una mayor eficiencia energética: buena iluminación natural, doble vidrio, revoque térmico en las paredes más expuestas al sol, luminarias de bajo consumo, descargas de inodoro que ahorren agua, paneles fotovoltaicos para alimentar los espacios comunes, etc. También a modo de ilustración, para que veas hasta qué punto la norma exige un cambio cultural, se sugiere destinar un espacio cómodo y amplio para bicicletas, e informar a los usuarios del edificio sobre los transportes públicos disponibles en la zona, para incentivar al máximo el uso de medios de transporte más eficientes tanto para llegar como para salir del edificio. Si uno sabe que en Espacio20, que es el nombre del edificio, hay lugar cómodo, accesible y seguro para la bici, uno puede considerar usar ese medio para ir a visitar a alguien allí. Por el contrario, si uno sabe que no tiene donde dejarla, o se ve obligado a atarla a un poste o subirla 4 pisos por escalera, claramente no va a ir en bici a ese edificio.

Hablaste de cambio cultural. ¿Crees que Salta está lista para ese cambio?
Mirá, el ser humano, y el salteño acá no es ninguna excepción, busca la mayor calidad de vida al menor costo posible. Y en ese análisis cada sociedad tiene diferentes reglas de juego, a las que debe adaptarse para vivir. Te doy un ejemplo: el 80% de los holandeses dona o colabora de algún modo con organizaciones ecologistas. Las principales organizaciones ambientalistas nacieron en Holanda. ¿Eso es porque son mejor gente que nosotros, o porque son más buenos con el planeta? No. De ninguna manera. Es porque gran parte de su país está debajo del nivel del mar. Ellos saben que si el océano sube 2 cm de nivel, Holanda desaparece. Están aterrados y por eso dedican muchísimos recursos a combatir el cambio climático. Nosotros estamos casi en un extremo opuesto. Tenemos muchísimo territorio, recursos naturales muy abundantes, en muchos casos sub- explotados, y una tradición de derroche energético producto de décadas de subsidios a la energía. Eso está cambiando con la quita de los subsidios, y los fenómenos naturales más extremos están ya a la vista. Cuando nos toca el bolsillo, empezamos a mirar formas de mantener nuestro confort reduciendo costos. Ahí entran en juego los termotanques solares, los paneles fotovoltaicos, los autos más eficientes, etc. Es impresionante como nuestros clientes en el último año redoblaron las consultas sobre construcciones eficientes. En ese sentido el cambio cultural no llega espontáneamente. Llega por necesidad, y acá la necesidad está empezando a tocar la puerta. Y Salta está reaccionando muy bien, tanto a nivel del ciudadano, como a nivel de las instituciones. Por ejemplo, somos de las pocas provincias que tiene un régimen de fomento a las energías renovables, que ayuda mucho a iniciativas como la nuestra.

Volviendo al edificio y la norma LEED, siendo una norma internacional, ¿han encontrado algunas cuestiones de difícil implementación dadas las particularidades de Salta?
Es una muy buena pregunta. La verdad es que no es fácil adaptar una norma hecha para los Estados Unidos a nuestra sociedad. Algunas exigencias son directamente opuestas a lo que espera el mercado, pero eso se ha compensado con otras exigencias que para nosotros son totalmente naturales. Vamos a los ejemplos: LEED desalienta el uso de vehículos particulares, y en ese sentido fomenta la bici y ?penaliza? en cierta forma que haya demasiadas cocheras en el edificio. Pero acá en Salta, donde es cada vez más complicado estacionar, y más en un edificio de esa categoría, sabemos que es necesario que haya muchas cocheras. El mercado no aceptaría un departamento de ese nivel que no ofrezca cocheras, y los vecinos nos odiarían si todos los usuarios tuvieran que estacionar en la calle. En ese caso, por ejemplo, optamos por ?desobedecer? a la norma, ya que esa exigencia es de imposible cumplimiento en el mercado local. Sería irresponsable para con la ciudad. Sin embargo, para ilustrar el extremo opuesto, la norma tiene muchísimos requisitos y exigencias en cuanto a refrigeración, calefacción e inyección mecánica de aire dentro del edificio. Y eso en Salta casi no hace falta. Tenemos un clima que permite vivir gran parte del año con una dependencia mínima de climatización artificial. En verano podemos vivir por lo pronto toda la noche sin aire acondicionado y en invierno, si uno es racional, tenemos muchos días de sol en los que no hace falta encender la calefacción. Esto hace que sólo por estar acá en Salta, el edificio sea muy eficiente en el consumo energético. También tenemos mucha piedra cerca, lo que reduce al mínimo el impacto ambiental del transporte de piedra y arena para la construcción. En lugares como Buenos Aires, donde no hay piedra, la incidencia del flete para traer esos materiales es muy alta y eso le quita puntos a la certificación del edificio.

Como desarrolladores, ¿ustedes ven que el mercado busca este tipo de productos?
No lo busca, es decir, esta iniciativa no surgió porque el mercado nos lo haya pedido, sino porque nosotros como empresa buscamos adelantarnos a las demandas e innovar. Darle a la gente lo que todavía no sabe que necesita, o lo aún no necesita, pero lo necesitará. Pero cuando explicamos esto, en seguida se dan cuenta de que es algo novedoso y que en algún punto va a impactar en una mejor calidad de vida o menores costos. Con los paneles fotovoltaicos buscaremos que el consumo de los espacios comunes sea prácticamente abastecido por energía solar, y eso impactará en una menor expensa, por ejemplo. Poco a poco el mercado la va entendiendo, y apreciando.